París, 4 jun (EFE).- Guillermo Cañas desafía al ruso Nikolay Davydenko en cuartos de final de Roland Garros, con la vista puesta en unas semifinales contra el suizo Roger Federer, número uno del mundo, al que el argentino ha derrotado en dos ocasiones esta temporada.
En el año de su retorno tras quince meses de reposo obligado por una sanción por dopaje, Cañas transpira solidez en la pista y calma fuera de ella, dos armas letales en un largo Grand Slam en el que la presión es un enemigo tan temible como los rivales.
Sancionado inicialmente durante dos años por haber consumido un diurético prohibido, el Tribunal Arbitral del Deporte (TAS) le redujo la pena a quince meses, una sanción benévola para muchos pero injusta para el tenista, que no ha parado de clamar su inocencia.
Las autoridades deportivas reconocieron que pudo haber un error en los organizadores del torneo a la hora de suministrarle el producto, pero el jugador tuvo que cumplir la sanción.
Ahora ha vuelto como si ese año y cuarto no hubiera pasado y con una evidente progresión que se ha venido mostrando toda la temporada, con dos momentos importantes: los torneos de Indian Wells y Miami, en los que dio la campanada al derrotar a un Federer que acumulaba 41 partidos sin perder y amenazaba el récord de victorias consecutivas que 30 años antes Guillermo Vilas situó en 47.
Su condición de favorito 19 le evita ser el centro mediático de un torneo monopolizado por Roger Federer y el español Rafael Nadal. Pero el juego que ha desplegado en París le permiten postularse como un candidato a vestir el traje de "tercer hombre".
El bonaerense estaba ausente de las pistas cuando se fraguó el dominio absoluto de esos dos tenistas y, en opinión del sueco Mats Wilander, eso le permite escapar a la "paranoia colectiva" que afecta al resto de los jugadores.
Por el momento Cañas está concentrado en derrotar a Davydenko, cabeza de serie número cuatro, verdugo de David Nalbandian en octavos de final y un rival sólido y siempre peligroso.
"Hasta cuando no juega bien te cuesta ganarle", analizaba Nalbandian al término del encuentro contra el de Volgogrado, que a sus 25 años busca jugar su segunda semifinal, una ronda en la que hace dos años cayó frente al argentino Mariano Puerta.
Cañas ha derrotado al ruso en tres de los cuatro duelos que han mantenido, pero el último de ellos, que data del abierto de Australia de 2005, acabó con victoria del Davydenko.
Desde entonces los dos han cambiado mucho. Cañas ha madurado tras superar su particular travesía del desierto y Davydenko ha dado un gran salto en su juego hasta el cuarto puesto de la clasificación mundial.
Este mismo año debían haberse medido en Barcelona, pero el ruso sufrió un problema en su brazo en una sesión de masaje, lo que le impidió comparecer en el partido.
El partido contra Davydenko tendrá como escenario la pista Suzanne Lenglen, la segunda de mayor capacidad del circuito, pero la favorita de Cañas, que no olvida que allí venció en 2002 al español Carlos Moyá, lo que le abrió las puertas de sus primeros cuartos de final.
Este año derrotó a su compatriota Juan Mónaco en tres set en esa misma pista, más lenta que las otras del club parisiense, lo que le dio ocasión de repetir que en ella se siente como en casa.
Si le sigue dando suerte y derrota a Davydenko, Cañas disputaría sus primeras semifinales de un Grand Slam en la que afirma estar practicando el mejor tenis de su vida.
Tras haber caído dos años en cuartos de final, en 2002 y 2005, el bonaerense, último representante albiceleste sobre la tierra batida parisiense, persigue superar un escalón suplementario en su carrera.
Salvo la victoria en Costa Do Sauipe en febrero y la final del torneo de Barcelona, en la que cayó con Nadal, no ha completado una gran temporada sobre tierra batida.
Su fuerza parece provenir tanto de sus ganas de ganar como de la poca importancia que otorgaría a una hipotética derrota.
Acompañado de su familia llegó a París varios días antes del inicio del torneo y se instaló en un apartamento de la capital francesa para rodearse de un ambiente hogareño.
Un entorno que sólo abandona para entrenar, como lo que hizo durante una hora en el club de Roland Garros en vísperas del duelo contra Davydenko. EFE